INTERVENCIÓN CENTRAL: Idurre Eskisabel Larrañaga (Kontseilua)

14/06/2026 Por

IDURRE ESKISABEL LARRAÑAGA

SECRETARIA GENERAL DE EUSKALGINTZAREN KONTSEILUA

¡Arratsalde on, Iruñea! Qué hermoso es ver que la ciudad que hace tres siglos el saratarra Joanes Etxeberri nombró capital de los vascos, hoy, en este caluroso 13 de junio de 2026, se ha convertido en la capital de los euskaltzales. ¡Hermoso, motivo de orgullo y de alegría!

Muchas gracias, de verdad, a todos los y las euskaltzales que habéis venido hoy aquí: desde Zuberoa, Baja Navarra, Lapurdi, Gipuzkoa, Araba, Bizkaia, toda Navarra… desde todo el territorio del euskara. Gracias de corazón por mostrar tan claramente que estamos en marcha, que es el tiempo de los euskaltzales.

Hoy, para conformar esta Marcha Euskaltzale, hemos partido desde tres puntos distintos de Iruñea, pero todos teníamos el mismo objetivo: llegar a esta Plaza del Castillo; y aquí nos hemos reunido todos y todas.

Y así como hemos partido desde distintos lugares, cada uno de nosotros/as ha llegado a ser euskaltzale desde un punto diferente: habrá quien haya sido impulsado por el aliento de los arnasgunes, espacios vitales del euskara; quien forme parte de la genealogía de quienes han sido castigados por hablar euskara; quien haya llegado por una identidad, por un sentimiento de pertenencia; quien lo haya hecho por un sentido de justicia e igualdad; quien haya sido empujado por el dolor de haber dejado atrás la lengua de origen; quien lo haya hecho por el deseo de una comunidad; y, por supuesto, quien haya llegado por la suma de todo ello (y más).

Pero aquí estamos. Aunque venimos de lugares distintos y tengamos visiones y formas de hacer diferentes en muchos aspectos, aquí estamos. Unidos y unidas. Con la voluntad de dar futuro a un euskara en situación de emergencia y con la determinación de impulsar un nuevo renacimiento.

Hace 6 meses, el 27 de diciembre de 2025, Bilbo fue nuestro punto de encuentro. En pleno solsticio de invierno, con días cortos y noches largas, miles de euskaltzales nos reunimos en el pabellón de Miribilla y nos dijimos que estábamos dispuestos a dar un nuevo impulso al euskara. Encendimos una primera chispa.

Ahora, acercándonos al solsticio de verano, el ánimo es diferente: hemos salido a la calle no solo para reivindicar y exigir todo lo necesario para vivir en euskara, sino también para decir con orgullo que lo estamos, y que también tenemos motivos para celebrar. Porque, pese a castigos, prohibiciones, sentencias, desprecios, exclusiones y todo tipo de herramientas de dominación, hemos traído vivo el euskara hasta el primer cuarto del siglo XXI, generación tras generación, gracias a las decisiones de miles y miles de euskaltzales. Tenemos motivos para alegrarnos y sentir orgullo. Que esta alegría y este orgullo sean alimento para un nuevo renacimiento.

Pero alegrarnos y sentir orgullo no significa ignorar la gravedad de la situación. El euskara sigue en emergencia lingüística, y también la comunidad vascohablante. Su futuro está en juego. Por eso nos hemos reunido hoy en Iruñea: para exigir todo lo necesario para vivir en euskara y para empezar a construirlo.

Llevamos años diciendo «quiero vivir en euskara». Empeñados en el esfuerzo diario de hacerlo posible por iniciativa propia. Y, por supuesto, la determinación individual es imprescindible. Pero no es suficiente.

El euskara es una lengua minorizada desde hace siglos. La pérdida de lenguas no ocurre de manera natural, como el sol que se pone cada día; es consecuencia de relaciones de poder y decisiones políticas. Nadie abandona su lengua, su identidad, su comunidad por mera voluntad personal. Son procesos que atraviesan generaciones, negando identidad, conocimiento y cultura, empobreciendo y desarraigando. Es un problema estructural.

Por eso, la normalización y revitalización del euskara exige un cambio profundo en las relaciones de poder. Por eso pedimos todo lo necesario para vivir en euskara, condiciones reales, más allá del reconocimiento formal de derechos: condiciones políticas, sociales, culturales y materiales. El euskara necesita un ecosistema completo.

Todo lo necesario… En la Marcha Euskaltzale de hoy hemos intentado definir cuáles son los mimbres de todo eso que hace falta. Por eso hemos venido en tres columnas. Según Kontseilua, son tres los pilares para empezar a construir todo lo que el euskara necesita: un salto en las políticas lingüísticas, la oficialidad plena en todo Euskal Herria y un euskaltzalismo situado, organizado y fuerte.

Empecemos por el salto… Como ya he mencionado anteriormente, la preocupación por el futuro del euskara es antigua dentro del movimiento euskaltzale amplio y diverso. Sin duda, las últimas décadas han sido décadas de avance para el euskara. Pero no es suficiente. Lamentablemente, los datos, las tendencias sociolingüísticas y las proyecciones muestran que ese proceso se ha ralentizado considerablemente; incluso existe un alto riesgo de estancamiento y retroceso.

Además, el mundo actual ha traído grandes retos para las lenguas minorizadas. Esta variante de la globalización, junto con la digitalización y mercantilización de la vida, ha fortalecido aún más a los poderosos y ha debilitado a los colectivos que ya se encontraban en situaciones vulnerables. Las lenguas y sus comunidades hablantes no somos ajenas a esta dinámica: las lenguas hegemónicas son cada vez más dominantes; las minorizadas, cada vez más minorizadas.

Y, además, existe otro factor en contra: todo esto ocurre mientras quienes quieren mantener al euskara en una posición subordinada están en plena ofensiva.

Por ello, si el euskara quiere tener futuro, si quiere seguir siendo una lengua viva y presente en todos los ámbitos en las próximas décadas, es imprescindible dar un salto en las políticas lingüísticas. Un cambio de paradigma. Hay que dejar atrás las políticas lingüísticas pensadas para minorías y apostar por políticas ambiciosas y valientes que generalicen el conocimiento y garanticen condiciones reales para su uso normal. En otras palabras, políticas que tengan como horizonte un Euskal Herria en el que toda la ciudadanía posea el euskara. Ese es el camino para garantizar su futuro; esa es la dirección para desatar el nudo que hoy existe en la sociedad en torno a la cuestión lingüística. Eso es lo que recoge la dinámica Batuz Aldatu propuesta por Kontseilua y que ya han adherido 150 agentes sociales de todos los territorios.

Y ha llegado el momento de dejar de hablar del salto de manera abstracta y empezar a imaginarlo, hacerlo comprensible, tangible y realizable. Para saltar, primero hay que fijar hacia dónde. Por eso, desde Kontseilua hemos propuesto un reto social concreto. Hemos analizado experiencias internacionales –Gales, Galicia, Cataluña…–, hemos consultado a expertos de Euskal Herria y hemos aprendido de la propuesta de Euskal Konfederazioa en Iparralde. Y esta es la propuesta que lanzamos a la sociedad: ganar 300.000 hablantes en 10 años. Es decir, duplicar el ritmo actual de euskaldunización y superar el umbral del 20% de uso. Esas son las cifras necesarias para revertir el riesgo de retroceso, señales de un nuevo ciclo de revitalización, los números de un nuevo renacimiento.

Es un reto social. Ambicioso, pero realizable. Y ofrece a toda la sociedad la oportunidad de participar: a instituciones, gobiernos y fuerzas políticas, mediante políticas públicas orientadas a estos objetivos, aumentando los recursos destinados a política lingüística del 0,45% al 2%, y dando pasos hacia la oficialidad plena. Es el momento de pasar del apoyo a la acción. Pero este reto también interpela a los agentes económicos, sociales, culturales… en definitiva, a toda la ciudadanía. Todos podemos influir en esa dirección, cada cual desde sus posibilidades y responsabilidades.

Antes de seguir, quiero hacer una aclaración: cuando proponemos ganar 300.000 hablantes en 10 años, no estamos poniendo el foco especialmente en la población recién llegada. Evidentemente, si queremos ofrecer una acogida humana y acorde con la justicia social, tenemos la obligación de ofrecer el euskara a las personas migrantes. Pero la actual emergencia lingüística no la han provocado ellas. El problema es nuestro. La carencia de herramientas estructurales es nuestra, no suya. Ganemos hablantes, por ejemplo, superando los modelos lingüísticos en el sistema educativo de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa y generalizando el aprendizaje en euskara; o eliminando las trabas a los modelos de inmersión en Navarra e Iparralde y garantizando una oferta mínima en euskara a todo el alumnado.

O bien, impulsemos políticas públicas sólidas, liberaciones en el ámbito laboral, la gratuidad del sector de alfabetización y euskaldunización de personas adultas, aprovechando el capital de conocimiento acumulado, para que quienes han vivido alejados del euskara puedan dar el paso de hacerlo suyo. Hay camino por recorrer.

Sigamos. En ese camino para construir todo lo necesario para vivir en euskara, la oficialidad es otro pilar imprescindible. Esa reivindicación la ha traído la columna que ha partido de la Rochapea: oficialidad plena para el euskara en todo Euskal Herria. Una nueva arquitectura jurídica. Porque la oficialidad es la única forma de garantizar políticas públicas duraderas a favor de una lengua. Lamentablemente, ese estatus mínimo está negado en Iparralde y en la mayor parte de Navarra. Es más, en Navarra se da una anomalía sin parangón en Europa, que genera y refuerza una profunda brecha lingüística dentro del territorio. Y, en los territorios donde es oficialmente lengua, se está produciendo un proceso de desoficialización como consecuencia de una ofensiva organizada que se prolonga en el tiempo.

Por eso decimos que la oficialidad formal no es suficiente. El euskara necesita una arquitectura jurídica nueva y sólida si quiere tener futuro. Y desde aquí exigimos a quienes tienen esa responsabilidad que actúen con valentía, que no fallen, que frenen la ofensiva judicial, pero también la ofensiva política y discursiva de quienes quieren mantener al euskara y a su comunidad en una posición subordinada. Hay mucho en juego. Es momento de avanzar. También en Iparralde y en Navarra. Es hora de aprovechar las mayorías logradas en gran medida gracias al apoyo de los euskaltzales para situar la normalización y revitalización del euskara como prioridad política y dar pasos firmes hacia la oficialidad.

Y el tercer pilar: euskaltzaletasuna, el compromiso activo de la sociedad. Lo dijimos en diciembre en Bilbao y hoy lo reafirmamos en Iruñea: si el euskara va a tener un nuevo renacimiento, la clave está en el compromiso activo. Así lo hemos aprendido del pasado.

Necesitamos un compromiso situado: anclado en el Euskal Herria y en el mundo actuales, capaz de responder a los nuevos retos, consciente de las distintas formas de dominación y dispuesto a dialogar con otros movimientos transformadores, capaz no solo de resistir, sino de hacer frente a la ola reaccionaria. Y también un compromiso que entienda bien la situación del euskara y su comunidad, consciente de su minorización y de su carácter estructural, capaz de construir consensos básicos.

Un compromiso organizado: una red de miles de personas que generen complicidades en la vida cotidiana –en casa, en el barrio, en el pueblo, en centros educativos, en el trabajo, en el ámbito cultural y social–, que prioricen y alimenten el ecosistema cultural en euskara. Tomemos conciencia, empoderémonos y organicémonos para impulsar un nuevo renacimiento.

Organizarnos como euskaltzales es también la forma de influir en instituciones, gobiernos y fuerzas políticas, y de transformar las relaciones de poder.

En los próximos meses tendremos tareas importantes: el 21 de noviembre habrá una manifestación en Baiona por la oficialidad en Iparralde; y en diciembre, Iruñea volverá a ser el centro de movilización, para exigir la oficialidad en toda Navarra al cumplirse 40 años de la ley de zonificación.

Hoy hemos aportado una segunda chispa al renacimiento. Pero queda mucho por hacer. Y para coger fuerzas, para alimentar el compromiso, celebremos ahora, sintamos orgullo. Tomemos la plaza y bailemos.

Antes de marcharnos, recordad: tomar conciencia, empoderarnos y organizarnos hasta construir todo lo necesario para vivir en euskara. El mundo podrá venir contra el euskara, pero nosotros/as tenemos el euskara a favor del mundo.